LUCAS 10,13-16

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (10,13-16):

13 ¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza.

Cafarnaúm

14 Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.

15 Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.

16 El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió».

LUCAS 10.16

Beato John Henry Newman (1801-1890), teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra
Sermón “Cristo ocultado del mundo”, Sermones parroquiales, vol. 4 sermón 16
“Quien os escucha a vosotros, a mí me escucha; quien os rechaza a vosotros, a mí me rechaza.” (Lc 9,16)

La Iglesia es llamada cuerpo de Cristo. Ella es lo que era el cuerpo de Cristo en su vida mortal. Es el instrumento de su poder divino. A ella nos debemos acercar para obtener la gracia. A través de ella se enciende la cólera de Dios cuando es insultada. Pero ¿qué es la Iglesia sino una entidad humilde que provoca a veces el insulto y la impiedad entre los hombres que no viven según la fe? Es un “vaso de arcilla” (2Co 4,7)…
Sabemos que los mejores de sus ministros son personas imperfectas y falibles, sometidas a las pasiones al igual que sus hermanos. Y no obstante, de ellos Cristo ha dicho, hablando de sus apóstoles y de los sesenta y dos discípulos, (a los que los ministros actuales no son inferiores en cuanto a sus cargos): “Quien os escucha a vosotros, a mí me escucha; quien os rechaza a vosotros, a mí me rechaza, y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.” (cf Jn 13,20) Más aun, Cristo ha convertido a los pobres, a los débiles y afligidos en testimonios y agentes de su presencia. También aquí nos puede acechar la tentación de pasar de largo o tratarlos con irreverencia. Lo que era Cristo, lo son también sus discípulos en este mundo. Como su condición frágil y escondida incitaba a los hombres a insultarlo y a maltratarlo, así las mismas características de sus discípulos llevan a los hombres a insultarlos ahora. En todas las épocas, pues, está Cristo presente en este mundo, no menos visible ahora que durante su vida terrena.

ordenación sacerdotal 1

Clemente de Alejandría (150-hacia 215), teólogo Protréptico, 9; PG 8, 195-201
«Escucha mi pueblo…; voy a dar testimonio contra ti, yo, Dios, tu Dios» (Sl 49,7)

«Ojala escuchéis hoy su voz: ‘No endurezcáis vuestro corazón como en los días del desierto: cuando vuestros padres me pusieron a prueba… por eso he jurado en mi cólera: No entrarán en mi descanso’». (Sl 94, 7-11). La gracia de la promesa de Dios es abundante si hoy escuchamos su voz, porque este hoy se extiende a cada nuevo día durante todo el tiempo, por largo que sea, en que digamos «hoy». Este hoy, lo mismo que la posibilidad de conocer, dura hasta el final de los tiempos. En aquel día el verdadero ‘hoy’, el día sin fin de Dios, se confundirá con la eternidad.
Obedezcamos, pues, siempre, a la voz del Verbo divino, la Palabra de Dios hecha carne, porque el hoy de siempre es imagen de la eternidad y el día es símbolo de la luz; ahora bien, el Verbo es, para los hombres, la luz (Jn 1,9) en la cual vemos a Dios.
Es, pues, natural que sobreabunde la gracia para los que han creído y obedecido, pero es natural que Dios esté irritado contra los que han sido incrédulos…, que no han reconocido los caminos del Señor…, y los amenace… Así ocurrió a los hebreos que se equivocaron en el desierto: no entraron en el lugar de descanso por haber sido incrédulos…
El Señor, porque ama a los hombres, invita a todos «al conocimiento de la verdad» (1Tm 2,4), y les envía el Espíritu Santo, el Paráclito… Escuchad, pues, los que estáis lejos y los que estáis cerca (Ef 2,17). El Verbo no se esconde a nadie. Él es nuestra luz común, brilla para todos los hombres. Apresurémonos, pues, hacia la salvación, hacia el nuevo nacimiento. Apresurémonos, pues, a encontrarnos en gran número en un solo rebaño, en la unidad del amor. Y esa multitud de voces…, obedientes a un solo señor, el Verbo, encontrará su descanso en la misma Verdad y podrá decir «Abba, Padre» (Rm 8,15).

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Publicado el 26 mayo, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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