LUCAS 13,22-30

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (13,22-30): facebook pq

22 Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén.

23 Una persona le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?». El respondió:

24 «Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán.

Lucas 13.24

25 En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos”. Y él les responderá: “No sé de dónde son ustedes”.

26 Entonces comenzarán a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas”.

27 Pero él les dirá: “No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!”.

28 Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera.

29 Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios.

30 Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos».

ESCALON

San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia, Carta a Deogratias, n. 102

Si Cristo dice que él es el camino de la salvación, la gracia y la verdad, si él es el camino único de retorno al Padre para los creen en él (Jn 16,6), hay algunos que se preguntan por la suerte de todos aquellos que han vivido antes de su venida…
Respondemos que Cristo es la palabra de Dios por la que se hizo todo. Es el Hijo porque es la Palabra, no una palabra que se extingue al ser pronunciada, sino la Palabra inmutable y eterna que está junto al Padre inmutable, que rige el universo espiritual y corporal según la conveniencia de los tiempos y los lugares.

Este Verbo es la sabiduría y la ciencia en persona. Le corresponde regir todo, gobernar todo según el tiempo y de la manera que le parece conveniente… Es siempre él mismo…siempre ha sido el mismo y lo es también hoy…

Por esto, desde la creación del género humano, todos aquellos que han creído en él, de la manera que fuera, todos aquellos que han vivido en la piedad y la justicia según sus preceptos, todos estos, sin duda alguna, han sido salvados por él en cualquier tiempo y lugar en que hayan existido…Así, al igual que nosotros que creemos en el que permanece junto al Padre y que ha venido a nosotros, asumiendo nuestra carne, los antiguos profetas creían en él que permanecía junto al Padre y tenía que venir al mundo. El transcurso del tiempo hace que ahora proclamemos como hecho consumado lo que entonces era el anuncio de un acontecimiento futuro, pero la fe no ha variado y la salvación es la misma.

LUCAS 13.30

San Próspero de Aquitania (?-v. 460), teólogo laico, La vocación de todos los gentiles, 9

Los que acuden a Dios, apoyándose en él, con el deseo de ser salvados, son realmente salvados: es la inspiración divina la que les hace concebir este deseo de salvación; son iluminados por Él que los llama a que lleguen al conocimiento de la verdad. Son en efecto, los hijos de la promesa, la recompensa de la fe, la descendencia espiritual de Abraham, “una raza elegida, un sacerdocio real” (1P 2,9), previsto desde antiguo y predestinado a la vida eterna… A través de Isaías, el Señor nos dio a conocer su gracia, que hizo de todo hombre una criatura nueva: “He aquí que voy a hacer algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino en el desierto, corrientes de agua en la estepa…, para dar a beber a mi pueblo elegido, a este pueblo que me he formado, para que proclame mi alabanza”. Y en otro lugar dice: “Ante mí se doblará toda rodilla, por mi jurará toda lengua” (Is 43,19s; 45,23).

Es imposible que todo esto no llegue, porque la providencia de Dios nunca falla; sus designios no cambian; su voluntad perdura y sus promesas no son erróneas. Por consiguiente, todos los que asuman estas palabras serán salvados. Deposita, en efecto sus leyes en sus conciencias, las inscribe con su dedo en sus corazones (Rm 2,15); acceden al conocimiento de Dios, no por el conducto de la enseñanza humana sino bajo la dirección del maestro supremo: «Así pues, ni el que planta es nada, ni tampoco el que riega; sino Dios que hace crecer» (1Co 3,7)… A todos da la posibilidad de cambiar el corazón, tener un juicio justo y una voluntad recta. En el interior de cada hombre, Dios infunde el temor, para que se instruyan con sus mandamientos… celebren la paciencia de su misericordia, y los milagros que ha realizado: porque Dios los ha elegido, los ha hecho sus hijos, herederos de la nueva alianza (Jr. 31,31).

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PADRES DE LA IGLESIA

San Cirilo: «No parece que el Salvador satisface al que pregunta si son muchos los que se salvan, cuando dice cuál es el camino por donde cada uno puede justificarse. Pero debe advertirse que el Salvador no acostumbraba a responder a los que le preguntaban, según lo que pensaban, cuando lo hacían sobre cosas sin importancia, sino atendiendo a lo que pudiera ser útil a los que le escuchaban. ¿Qué podría importar a los que oían si eran muchos o pocos los que se salvaban? Más necesario era saber el modo por el cual podría salvarse cada uno. Así que por su bondad, o contestando a las preguntas vanas directamente, lo hace hablando de lo que es más necesario».

San Basilio: «Así como en la vida humana el camino que se aparta de la rectitud es muy ancho, así el que sale del que conduce al reino de los cielos se encuentra en una gran extensión de errores. El camino recto es estrecho y tiene pendientes peligrosas, tanto a la izquierda como a la derecha; como sucede en un puente, desde el cual se cae al agua inclinándose a un lado o a otro».

San Cirilo: «La puerta estrecha significa los trabajos y la paciencia de los santos. Así como la victoria atestigua el valor del soldado en las batallas, así también se hace preclaro el que sufre los trabajos y las tentaciones con paciencia inquebrantable».

San Juan Crisóstomo: «¿Cómo, pues, dice el Señor en otro lugar (Mt 11,30), “mi yugo es suave y mi carga ligera”? No se contradice ciertamente, sino que dice esto por la naturaleza de las tentaciones y aquello por el afecto de los que las sufren. Porque cuando tomamos una cosa con gusto, la consideramos ligera, por muy pesada que sea. Y si bien es verdad que el camino de la salvación es estrecho a la entrada, sin embargo, por él se llega a la mayor anchura. Por el contrario el camino ancho conduce a la perdición».

CATECISMO DE LA IGLESIA

La Iglesia del Señor es «católica»

830: La palabra «católica» significa «universal» en el sentido de «según la totalidad» o «según la integridad». La Iglesia es católica en un doble sentido:

Es católica porque Cristo está presente en ella. «Allí donde está Cristo Jesús, está la Iglesia Católica» (S. Ignacio de Antioquía). En ella subsiste la plenitud del Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza (ver Ef 1,22-23), lo que implica que ella recibe de Él «la plenitud de los medios de salvación» (AG 6) que Él ha querido: confesión de fe recta y completa, vida sacramental íntegra y ministerio ordenado en la sucesión apostólica. La Iglesia, en este sentido fundamental, era católica el día de Pentecostés (ver AG 4) y lo será siempre hasta el día de la Parusía.

831: Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano (ver Mt 28,19):

Todos los hombres están invitados al Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos, para que así se cumpla el designio de Dios, que en el principio creó una única naturaleza humana y decidió reunir a sus hijos dispersos… Este carácter de universalidad, que distingue al pueblo de Dios, es un don del mismo Señor. Gracias a este carácter, la Iglesia Católica tiende siempre y eficazmente a reunir a la humanidad entera con todos sus valores bajo Cristo como Cabeza, en la unidad de su Espíritu (LG 13).

«Allí será el llanto y el rechinar de dientes»

1036: Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: «Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran» (Mt 7,13-14):

Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con Él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde “habrá llanto y rechinar de dientes” (LG 48).

TEXTOS DE LA ESPIRITUALIDAD SODÁLITE

“Es lugar común en los grandes Padres y santos de la Iglesia señalar que en el camino de la santidad aquel que no avanza, retrocede. San Bernardo de Claraval exhortaba a tomar conciencia de que ‘si tender a la perfección significa ser perfecto, no querer avanzar equivale a retroceder’. Así, si no queremos volver atrás, es necesario que siempre caminemos y procuremos ir hacia delante, avanzar. ¡Cuán real es esta sana advertencia y qué peligroso desoírla! El mismo San Bernardo proponía el siguiente diálogo con un monte flojo y mediocre:

—‘Ya nos basta, no queremos ser mejores que nuestros padres.
—Monje, ¿no quieres progresar?
—No.
—¿Quieres entonces retroceder?
—Tampoco.
—¿En qué quedamos?
—Quiero vivir tal como soy, y permanecer en lo adquirido. No soporto ser peor ni deseo ser mejor.
—Pretendes lo imposible’.

Ciertamente en el camino de la configuración con el Señor Jesús no hay terreno neutral en el que uno pueda parar a tomarse un receso, una licencia evasiva. El Señor mismo sentencia: ‘El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama’. El Papa San Gregorio Magno subrayaba que ‘al no crecer con intención solícita lo que se debe hacer, también decrece lo que hasta entonces no se hubiera hecho correctamente. Y es que el alma humana es como una la nave que va corriente arriba: en ningún lugar le está permitido pararse, porque si no se esfuerza en ir hacia arriba, regresa aguas abajo’. Tenemos un enemigo que ronda como león rugiente para devorarnos, y vivimos en una cultura de muerte que se aleja y nos aleja de Dios y de su Plan. Si dejamos de bogar hacia delante, la corriente nos arrastrará hacia atrás. Resuenan fuerte las palabras del Señor: ‘El Reino de los Cielos sufre violencia y los esforzados son los que lo arrebatan’”.

(Ignacio Blanco Eguiluz, El camino de la santidad. Vida y Espiritualidad, Lima 2009)

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Publicado el 27 mayo, 2016 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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